El otro dia, en un amago de intentar ver algo decente en televisión, sorteando cuatro o cinco canales con una programación más que absurda pensada únicamente para rellenar horas, tenerte alelado frente a la pantalla y lograr indices de Share con los que poder pedir a las compañías el doble de gasto en publicidad, logre dar con un programa que me hizo reflexionar. Y no, no era un documental de la dos que invita a alzar el puño en contra de la caza de tiburones por parte de nipones ávidos de tener erecciones de horas de duración tras haberse bebido tan preciada sopita hecha base de aleta de escualo. Que por otra parte bien merece una protesta. Aunque de eso hablaré otro dia.
El programa en cuestión trataba de cómo se iban a adaptar dos familias pertenecientes a dos tribus traidas expresamente a España a convivir con dos familias españolas que a su vez hace dos años, ya habian protagonizado un programa de las mismas características pero siendo los españolitos los que habian convivido con ellos en sus respectivas tierras.
Hasta aqui la cosa pinta bien. Cojonuda. Intercambio cultural, le llamaremos. Españoles que viajan a otra tierra a descubrir culturas diferentes y adaptarse a ellas, o por lo menos intentarlo. Al cabo del tiempo y como la cosa ha ido bien, le damos la vuelta a la tortilla y nos traemos a los antiguos anfitriones a nuestro país para enseñarles como nos las gastamos en la tierra del jamón.
Los fulanos en cuestión dejan atras sus tierras, se despiden de sus tribus como auténticos héroes metiendose en el macuto flechas, espadas y dardos dispuestos a defenderse de los posibles enemigos que encontrasen allí sin saber que aqui los enemigos no llevan flechas, llevan plumas con tinta envenenadas que hacen con seguridad más daño que cualquier animal de los que habitan en sus tierras. Les calzan unos vaqueros y unas zapatillas -con las que no saben andar, por cierto- y les meten, tras 7 horas navegando por la selva o cruzando el desierto en coche, en un avión rumbo a España.
Casi nada el cambio, oigan. Porque ellos lo valen, esta claro. Todo sea por el intercambio cultural.
Y así llegan a nuestro país, a nuestra gran España. Recibidos por sus antiguos visitantes, por sus dos familias adoptivas las cuales los van a acoger en sus casas durante un mes -todo grabado en tiempo real, claro está- para felicidad de millones de españolitos curiosos que disfrutaran con una mezcla de ternura, compasión y asombro cómo se las arreglan los de la tribu de los Himba de Namibia y los Mentawai de Indonesia para dormir, comer y adaptarse a las costumbres de este país tales como sacar la comida del congelador, ir a la disco, coger el autobús o usar un bidé. De lo más enriquecedor, vamos. Para ellos y para nosotros. Intercambio cultural a tope. Lecciones gratis de comer jamón, limpiarse el chirli en un bidé y usar una ducha.
Las mujeres de una de las tribus no cabian en la felicidad de poder utilizar una ducha cuando en sus poblados tienen totalmente prohibido el ducharse ni malgastar una gota de agua. Y claro, nosotros desde nuestras casas, sintiendonos como aquellos colonizadores del año mil quinientos, encantados de habernos conocido por darle a aquellas mujeres esas necesidades básicas para nosotros que debería tener cualquier mujer u hombre hoy en día.
Cojonudo. Lo hemos bordao. Share a tutiplén y una familia de una tribu perdida del Amazonas, Indonesia, África o vete tú saber dónde, pegandose una ducha cortesía de españa y calzando unas Nike como Diós manda. Como debe de ser, vamos. De ahí pa arriba.
Lo que no nos paramos a pensar es en el regreso. En que si esas mujeres no se duchan no será por amor al arte ni por un tema de sanidad, sino porque en su país tienen una sequía galopante que les obliga a ahorrar hasta la última gota de agua para que no se les muera el ganado, para fertilizar la planta de turno o para dar de beber a sus hijos.
En que probablemente esa tribu de Indonesia no necesite zapatillas para trepar a un arbol y coger sus frutos ni unos pantalones de vistosos colores que espanten los animales que allí habitan.
Y claro, cuando el reality termine las familias, en medio de lloros -nuestros y de ellos- volverán a sus hogares -cortesía del canal el viaje pagado, faltaría más- y les explicarán a los jóvenes de la aldea que existe otro lugar donde los chicos, en vez de cuidar el ganado o cazar, se dedican a ir a discotecas, al cine o a la playa. pero no a pescar y cazar sino a bañarse y a ligar con otras chicas de otras tribus. Casi nada. A ver quien le dice ahora al joven que cuide de las cabras, perdiendose todo eso. Imaginense. Y las mujeres les contaran a sus amigas de la tribu que existen lugares donde abriendo una manivela sale agua potable que además se utiliza para ducharse. Y ellas se ducharon. Sisi, como lo oyes. Dos veces al dia como mínimo, además. Y a ver quien le dice a las mujeres de esa tribu que se han acabado las duchas Que tienen que volver a untarse de ocre y seguir como estaban, sabiendo que en otro lugar ellas se pueden duchar, y además todos los dias.
Cuando ellos estén allí y el programa termine, a ver quién les explica que todo ha terminado. Adiós a las duchas y a las naik. Se acabó lo que se daba , chaval.
Y un servidor se pregunta si el crear falsas necesidades a gente totalmente adaptada al medio en el que vive no será peligroso. Si valdrá la pena por conseguir cuotas de audiencia alejar a personas que viven felices, en armonia con su medio, trayéndolas a paises donde lo importante no es la naturaleza sino el dinero. A sitios donde hace tiempo se perdieron los valores que guian a las personas de esas tribus.
Y me pregunto también quién será más feliz, si ellos o nosotros. Porque probablemente esa libertad de la que gozan, el carecer de tantas necesidades de las que dependemos hoy en dia en los paises occidentales, les haga ser más felices. Porque son ellos los que deberian de apenarse de nuestra sociedad, de nuestros valores. Porque vistamos Nike o no, nos duchemos una vez al dia o una vez al año, todos acabamos en el mismo sitio. Eso es universal. Y la calidad de vida que hemos tenido, lo felices que hemos sido, es lo que nos llevamos. Y de eso ellos saben más que nosotros. De ser felices, de luchar y de vivir con dignidad. Y sin cuotas de share, oigan. Casi ná.
Intercambios Culturales
Con dos Cojones
Los Españoles siempre nos hemos distinguido por un buen número de cualidades a lo largo de la historia. En ocasiones somos envidiosos. Tambien somos conocidos por ser algo gandules, alegres, con caracteres menos serios y rectos que gente de paises más nórdicos donde la falta de sol - que todo lo regula- propicia que tengan un carácter más recio y ordenado. Esta forma de ser algo anárquica nos ha hecho perder a lo largo de la historia múltiples batallas, aunque también otras tantas ganadas, en parte gracias a una gran cualidad que nos ha caracterizado a lo largo del tiempo: El sentido del honor, el orgullo que nos emerge de dentro de nuestras entrañas cuando no vemos otra posibilidad, otra salida mas que poner los cojones -o los ovarios- encima de la mesa. Y vaya si los ponemos. A veces. Y no todos.
Porque el hecho de poner los cojones u ovarios -no enfademos a la sra. Aído- encima de la mesa, de ser un héroe a escala, alguien que va con la cabeza bien alta en esta vida, no esta reservado únicamente a los que ganan batallas de forma heroica, a los reyes o dirigentes -los cuales, por cierto, nunca se han caracterizado por esta virtud- sino a las personas de cualquier clase social, sexo o ideología que en algún momento de su vida se ve en una situación en la que, sin salida aparente, decide no doblegarse y tirar "pa lante" sin mirar atrás, llevandose por delante lo que haga alta, que nadie diga nunca que él -o ella- fueron cobardes llegados ese punto.
Me refiero al padre -o madre- de familia que, hipotecados hasta las cejas, con hijos y abuela enferma en casa, deciden no tirar la toalla y sacar adelante todo eso, aunque el coste de ello sea hechar a perder sus propias vidas trabajando fuera de su pais y a veces de sus hijos . O al guardia civil que se quita la capucha ante las cámaras sabiendo que en determinados lugares eso significa encontrar al dia siguiente su casa llena de pintadas y amenazas. O al navegante que aproa el temporal con templanza, sin llorarle al canal 16 una lágrima porque sabe que cualquier distracción haría que él y los suyos pudieran ahogarse. O al Nicolás Marrajo de Cabo Trafalgar -A.P.Reverte- que decide sorprender a amigos -los pocos que quedaban- y enemigos. O al minero asturiano que vuelve a meterse en la mina a la semana de haber perdido un compañero.
Porque a veces la verdadera templanza de un hombre o mujer se adivina en ese tipo de situaciones.
No siempre esta actitud es recomendable y, visto desde afuera por otros, resulta de una gran falta de sentido común que siempre lleva a que el fulano en cuestion - o fulana- salgan perdiendo. Aunque también hace que esas personas ganen respeto y admiración por esos observadores.
Y sino preguntarle a los ingleses por Trafalgar. O a los alemanes que pagan sueldos a españoles. O a los que vieron luchar a legionarios. Tenemos ejemplos por todas partes, todos los dias.
La recompensa de esas personas es poder ir por la vida con la cabeza bien alta, sabiendo que cuando llegue la noche o el dia, de dormir o de morir, lo harán del tiron, con la tranquilidad del trabajo bien hecho, trabajo al que en alguna etapa de su vida le hecharon dos cojones.





